miércoles, 26 de enero de 2011

Tocar el cielo con las manos





No era el mejor día para trepar al cerro Champaquí (2884 metros snm). En la oficina de turismo de Yacanto nos habían dicho: “les recomendamos que no suban, está feo arriba”. Mediodía de treinta grados, nubes por doquier, niebla y tormenta en puerta era el menú con el que nos esperaba la montaña más alta de Córdoba.
Sin embargo, con mi hijo Antü, de nueve años, allá fuimos. Mal equipados y sin entrenamiento, pero con respeto a la montaña y algunas nociones básicas aprendidas hace tiempo. No fue fácil llegar, ni siquiera al cerro los Linderos, desde donde se trepa al Champaquí. Son 42 kilómetros de camino de piedra, matizado con zanjas importantes y amenazantes precipicios. Es esperable, ya que se sube a casi tres mil metros sobre el nivel del mar, pero el tramo bien podría mejorarse. Y el propio sendero a la meta está pésimamente señalizado, por lo que no es casual que todos los años alguien se pierda en los vericuetos de la montaña (cañadones, cuevas, pedregales). Parece una cumbre menor, pero hasta víctimas fatales se han registrado por estos pagos.
La ida fue fácil, con un par de trepadas empinadas. La cumbre la domina un busto del general San Martín, y hasta hay una lagunita de agua cristalina. Si el día lo permite, desde el techo de Córdoba pueden verse los inmensos valles de Traslasierra y Calamuchita, uno a cada lado.
La bajada fue otro cantar: la niebla nos jugó una mala pasada y nos perdimos en unos cañadores ubicados en la falda del cerro. La clave para llegar a destino fue la orientación a través de unas antenas emplazadas en el filo de Los Linderos, y un oportuno llamado a los bomberos (03546 485050). De todas formas, y más allá de las adversidades climáticas, se insiste con que es fundamental marcar el camino de manera segura y permanente. Un buen mapa del sendero tampoco estaría de más.
Algunos consejos: llevar agua y abrigo, calzado apropiado y ropa de recambio. Estar preparado para el posible encuentro con alacranes y víboras. Tampoco pueden faltar un par de celulares bien cargados (para emergencias, aunque cuando la volátil señal lo permita), y un gorro que proteja del sol. Y la cámara de fotos: las vistas son imponentes.

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