viernes, 25 de mayo de 2012
Un caburé en el jardín
Sorpresas de la vida cotidiana: un serio caburé apareció en el jardín de infantes del barrio Sabbatini, como parte de la ornamentación de una obrita de teatro. Fue en ocasión del festejo del 24° cumpleaños de la institución, y el animalito se portó bien: no picó a nadie ni clavó sus garras en alguno de los niños que se arrimaban a verlo.
El caburé es una pequeña ave de rapiña de color castaño, cabeza grande, patas fornidas y uñas agudas. Sus ojos son grandes, de pupila negra e iris amarillo. Uno de sus métodos de caza es particularmente llamativo: se posa en la rama de un árbol elevado, da un grito dominador y penetrante y mira rápidamente a su alrededor. Los pájaros que se hallan al alcance de su voz -y todos aquellos a quienes dirige su mirada- se aterran y entumecen; como atraídos por un imán, se encaminan hacia el caburé, que matará dos o tres de ellos.
Este caburé no podía hacer todo eso, simplemente porque estaba enjaulado. Su dueño contó que come carne, y de noche lo saca al patio, porque hace ruidos y no deja dormir a los habitantes de la casa.
Por lo antes descrito es que el caburé ha ganado fama como una especie de magnetizador o hipnotizador que atrae a los demás pájaros. Y como la magia procede por analogía, entre la gente de campo es regla que quien tiene uno, al menos, alguna pluma de tal ave, puede darse por satisfecho: todo le saldrá bien. El caburé o sus plumas atraen todo cuanto hay de bueno para el hombre. Por ejemplo, atraen la suerte en el juego y en los negocios.
Y no solamente en términos materiales, sino también en cuestiones amorosas: el afortunado hombre que lleve consigo una o más plumas será correspondido por la más esquiva de las hermosas.
Leyendas del caburé, el pájaro mágico.
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