jueves, 15 de junio de 2017

Un texto de Tito Cossa

Ya hace un tiempo caminaba yo por la calle Callao, cerca de Las Heras, cuando me topé con una pareja que se despedía. “Glugialo y después nos tuiteamos”, dijo él. Sentí un malestar en el estómago, llegué a casa, tomé un Eudon y me fui a dormir sin cenar. No pasó mucho tiempo desde aquel día cuando en similares circunstancias un cuarentón le decía al que podía ser su amigo “nos meiliamos”. Estuve tres días en cama con vómitos y algo de fiebre. Y no va que el mismo día que salgo a la calle, escucho a una maestra de guardapolvo decirle a una colega “nos uashapeamos”. Me desmayé en plena calle. Me llevaron al hospital Alemán, una semana en terapia intensiva y otra en intermedia. El mismo día que dejé el hospital, tomé la decisión: me encerré en mi departamento, desconecté la computadora y planté el televisor en Neflix para ver, sólo, películas subtituladas. Incluso le prohibí el habla a la señora que viene a trabajar a casa. Una casualidad pone en mis manos un ejemplar del diario La Nación. Leo una nota de un columnista de buena pluma que en un momento comenta que “Macri dedicó un tiempo a couchear a sus ministros.” Esto no da para más. Mañana me suicido.

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